Home / Expresando al Señor en nuestra vida exterior

El Señor no puede ser apreciado a través de nosotros si no  viene de adentro.  La manifestación es la respuesta de lo que hay adentro.

Si vemos un árbol verde y dando fruto, es la manifestación de que hay una raíz bien arraigada, sana y bien nutrida.

Así también cuando podemos manifestar a Dios en nuestra manera de ser, de vivir, de hablar, en nuestras actitudes, en nuestro servicio al Señor y muy importante en nuestra adoración.  Esto no puede ser porque lo aprendimos, es porque brota de nuestro interior, es fruto de lo que se ha producido interiormente.

Recuerde que a través del nuevo pacto el Señor nos da mandamientos en nuestro corazón y en nuestra mente.  Antes los mandamientos iban por fuera, ahora están adentro.

Usted decidirá si le va a permitir a Cristo vivir a través suyo o si usted continuará teniendo una buena enseñanza.

Existen tres funciones del Espíritu:

  1. Tener comunión con Dios: Dios no se comunica con tu carne y no se comunica con tu corazón ni con tus emociones. Él se comunica con tu espíritu.
  2. Conciencia: Ella nos va a hablar siempre de acuerdo al Espíritu Santo de Dios; si somos seres espirituales.
  3. Intuición: La llaman allá afuera el sexto sentido. Intuición es saber sin la mente, saber desde el interior, saber por iluminación, saber porque Dios se te reveló.

TRES FORMAS DE CONOCER A DIOS

  1. Por sus hechos: Sabemos que Dios es un Dios bueno por sus hechos, no lo andábamos buscando, él nos buscó y nos salvó. Si el Señor le ha respondido alguna petición o le ha hecho algún milagro; usted lo conoce como Poderoso, Generoso, Bondadoso, Perdonador, Paciente, Misericordioso.
  2. Sus caminos: Es saber cómo piensa, qué le agrada. Cuando usted quiere saber cómo piensa una persona, va a tener que tratarla íntimamente, de esa manera usted no se equivocará. A veces las apariencias engañan. Es cuando usted dice: “Dios no opera así”.  Dios no te desecharía porque él no desecha. Dios perdona e inmediatamente olvida, le borra la hoja de delincuencia. Conocer los caminos de Dios es algo que a nosotros nos da mucha confianza en el trato con él.  Sabemos que podemos acercarnos a él después de haberle fallado. Dios no guarda rencor ni tampoco se resiente. Dios te va a volver a dar otra oportunidad si se la pides. Dios le dio una oportunidad más al pueblo de Israel.
  3. Que lo conozcas directamente: El más importante de todos los puntos. Es que lo conozcas personalmente, como lo conoció Moisés, de cara a cara. Es que lo conozcas como un amigo, como un papá, que lo conozcas literalmente. Que lo conozcas de tal manera que el Señor no te tenga que mandar mensajeros, porque él mismo habla contigo.

¿Cuánto anhela usted al Dios al que usted sirve?

El conocimiento externo del Señor no nos ayuda, las enseñanzas no nos ayudan tanto como quisiéramos. Es el Señor mismo habitando en nuestra vida y tratando con nosotros y viviendo su vida a través de nosotros.  Que sintamos el latir de Dios en nuestro interior. Sentir cómo nos habla el Señor en  nuestro interior.

Gálatas 1:11-20/22-24

11 Más os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre;

12 pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

13 Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba;

14 y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres.

15 Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia,

16 revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre,

17 ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco.

18 Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días;

19 pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor.

20 En esto que os escribo, he aquí delante de Dios que no miento.

Gálatas 1:22-24

22 y no era conocido de vista a las iglesias de Judea, que eran en Cristo;

23 solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba.

24 Y glorificaban a Dios en mí”.

Varios detalles aquí para que los anotemos:

Él estaba diciendo que a él el Señor, se le reveló. No es cuando iba camino a Damasco. A él se le reveló el Señor después y le hizo saber que desde el vientre de su madre; él le había escogido, para que él fuera apóstol para los gentiles.

La revelación hizo que él cambiara de conducta porque dice: “De muchos es conocido que yo era de una manera y a raíz de la revelación, ahora mi conducta es diferente”.

Tenemos que notar ahí entonces, que cuando el Señor se le revela a una persona, su conducta cambia. Y cambia de curso su vida, porque él iba en cierta dirección con todo celo y potencia, y cambió en otra dirección.

Cuando él hace esto, dice que la gente que solo había oído de él, al mirarlo cómo él cambió, glorificaban a Dios en él.

Significa entonces que lo que le pasó adentro que fue revelación de Dios a su vida, le empezó por cambiar su conducta y entonces él pudo mostrar de manera externa, que ahora Cristo vivía en él.

Es el plan que Dios tiene acerca de nosotros, que se vea Cristo.  Que no tengamos que decírselo a la gente, que ellos vean que sucedió algo porque ven acciones, actitudes, oyen palabras y  movimientos que no son de esa persona; son del Señor.

Esto es lo que Dios demanda de nosotros en este tiempo.

Podríamos esforzarnos y no lograrlo.  Podríamos nosotros permitirle a la vida de Cristo, que ya está en nosotros incorporada, crecer al punto de manifestación.

En algún momento María solo tenía un vientre vacío, pero vino el milagro y el misterio de encarnación. Entonces un embrión comenzó a desarrollarse en ella.

¿Se ha preguntado usted, de qué se alimentaba ese embrión?

Usted tiene el embrión de Cristo adentro de usted, desde que tuvo el nuevo nacimiento y ya tiene mucho tiempo de estarse desarrollando.

Llegó un momento en que aquella criatura alcanzó las proporciones de vida y se dio el alumbramiento y toda la gente pudo ver a Jesús.

Tiene que darse un alumbramiento en nuestra vida y la gente tiene que llegar a ver a Jesús morando en nuestro estilo de vida.

Entonces Pablo está diciendo: “La gente llegó a ver a Cristo en mí y glorificaban a Dios en mí”.

Al estar nosotros en el Nuevo Pacto, compartiendo una experiencia de vida con el Señor desde adentro, tarde o temprano usted se le va a notar que tiene a Cristo adentro.

¿Por dónde se le va a notar?

Por fuera.

No puede haber alguien que está desarrollándose la criatura nueva de Cristo que no se le note un cambio de su conducta, en su actitud, un cambio en sus palabras, cambio en su corazón; que se llena de amor, que se llena de compasión, de servicio y humildad. Es notorio.

Si usted siembra un bulbo debajo de la tierra, tarde o temprano brota y empieza a mostrar qué es, si aquello es un camote u otra cosa. Aquello tiene que salir.  Todo lo que tiene vida, se tiene que manifestar.

PERMÍTELE A LA VIDA DE CRISTO QUE ESTÁ EN TI QUE SE MANIFIESTE.

Que la gente pueda ver a Cristo viviendo a través tuyo.

Esto es lo más necesario en la vida de nosotros.  Y los perdidos van a poder llegarle de acuerdo a esa manifestación. Y al gobierno que tiene que ser cambiado vamos a llegarle a través de esa manifestación.

No fue cualquier hombre el que llegó al segundo sillón de gobierno de Egipto.  Fue un hombre transformado. Un hombre que es tipo de Cristo.  El mundo y nuestra nación necesitan muchas cosas, que probablemente la iglesia tiene la respuesta, pero no es una iglesia congregante, es una iglesia que tiene al Dios viviente en manifestación, la que va a ayudarle a Costa Rica.

Jesús dijo en una oportunidad y esto lo traemos a colación constantemente: “Felipe, el que me ha visto a mí, ha visto al Padre”; quiere decir que él se identificó tantísimo con el Padre en una relación de comunión; que el Padre que tenía por dentro se le salió al exterior y la gente entonces podría darse cuenta cómo era el Padre, solamente viendo vivir a Jesús.

Eso es exactamente lo que el Señor quiere que se manifieste en la vida de nosotros.

Concluimos con que la expresión exterior es el resultado de una experiencia interior. Si Cristo está gobernando mi interior es imposible que no se manifieste en mi exterior.

Cuando esto sucede también nos volvemos capaces de reconocer en quién Cristo está gobernando.

Ejemplo: Cuando me compro un perfume que se llama “Siete machos”, estoy familiarizada con la fragancia y paso por algún lado y me huele a ese perfume. Y digo: “Alguien usa lo mismo que yo uso”, lo reconozco por la fragancia.

Me voy a dar cuenta de tantos cristianos que hay, en quiénes está morando el que a mí me gobierna, porque cuando me acerque a compartir con aquella persona o cuando esa persona a mí me traiga un mensaje de parte del Señor o cuando tenga que tratar de alguna manera con esa persona; me va a oler a “Siete machos”, la misma fragancia que uso.

Todo en el mundo espiritual tiene que ver con fragancia.

Esa persona porta la misma fragancia que yo porto, entonces ¿qué es lo que voy a hacer?, voy a tener confianza al recibir lo que aquella persona a mí me trae, ¿por qué razón? Porque digo: “Lo mismo que tengo yo adentro es lo que puedo discernir que tiene esa persona adentro también”.

II Corintios 5:16

5:16 “De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así”. 1.04

Note lo que está diciendo el apóstol Pablo, si conocimos a Cristo en la carne, ya no lo vamos a conocer aquí.

¿Qué es lo que nos está diciendo Pablo?, nos está enseñando a fluir en otra dimensión. En una dimensión espiritual. Nosotros conocemos a la gente por apariencia, como lo que le pasó a Samuel, que vio a un hombre y dijo: “Delante de mí está el próximo rey”, y el Señor entonces le dijo: “Así no operamos nosotros, nosotros no miramos apariencia, eso es en la carne”.

Esto es lo que Pablo está diciéndonos.  Porque Pedro lo había conocido en la carne, Juan que estaba vivo en ese tiempo, lo había conocido en la carne, muchos de los discípulos a los que llegó el apóstol Pablo habían conocido a Jesús en la carne, mientras Jesús estaba vivo. Pero él dice que si aún lo conoció en la carne, ya no lo vamos a conocer más de ese modo.

¿Por qué?

Porque hay otra forma más profunda, más necesaria que es conocerlo por el Espíritu.

Pablo está llamándonos a nosotros a no mirar apariencia, a no mirar a la carne, a no conocer a la gente según la carne sino a entrar en otro plano. A discernirla.

Como les explicaba voy poder discernir al Cristo que mora en mí, en otras personas. Porque es la misma fragancia que yo uso.

Entonces estoy utilizando una forma de juzgar que no es la aparente, no es lo que se me presenta delante de mis ojos.

Ejemplo: Puedo ver a una persona siempre congregándose, siempre con la Biblia, puedo notar que habla mucho a través de pasajes de la Escritura, pero llega un momento en que yo podría olerle otra fragancia.

Entonces según mi apariencia, yo veo que es una persona consagrada, pero según lo que estoy viendo me toca juzgar apariencia de piedad, no piedad.

Tenemos la forma de aprender a juzgar a la gente en el Espíritu y esto es lo que Pablo nos está enseñando.

Si yo tengo la vida de Cristo en mi interior reconozco la vida de Cristo en los demás.

No quiere decir esto que tiene que estar al mismo nivel de crecimiento pero se pueden ver los rasgos.  Algunos rasgos ya de que la vida de Cristo está creciendo en alguna persona.

Entonces para que no nos dejemos llevar por apariencia y nos confundamos con una persona como le pasó a Samuel, y no nos confundamos por un defecto de alguna persona, vamos a juzgar en el Espíritu a la persona y vamos a discernir si la vida de Cristo está gobernando a esa persona.

Conocer a alguien en la carne es verle como un ser común, conocerle en la carne es verle como un hermano.  Si yo veo a un ser común podría irrespetarlo, si veo a un hermano debo de tener temblor y temor de cómo le trato.

Si veo a una persona común, a mí no me importaría hablar de esa persona, pero sí sé que es un hermano, ni siquiera “Necio” le puedo decir porque seré culpado en el mundo espiritual como un homicida. Es un hermano, un redimido, un lavado en la sangre, y si se trata de una autoridad, peor.

La hermana de Moisés dijo: “Yo también soy profeta, ¿acaso Dios solo puede hablar por él?” y se volvió leprosa y siete días estuvo bajo el juicio de lepra.

¿Por qué razón?

¿No era cierto lo que dijo?

Sí, pero la actitud del corazón fue lo incorrecto. Porque estaba considerando a Moisés de tú a tú, como su hermano, pero ya Dios no lo veía así.

Lo consideraba el líder para sacar y dirigir al pueblo de Dios sacándolo de Egipto y lo hizo subir a través del desierto.

Tenemos que tratar a las autoridades con honra como autoridades, tenemos que tratar a nuestros hermanos como que son miembros del cuerpo de Cristo.

Tengo que ver a la gente como un Hijo de Dios y marcar esa diferencia porque Dios la marca.

Por vida de comunión es que nosotros podremos reconocer el llamado de alguien también.

Si tengo comunión con Dios, él me va a revelar que la persona que tengo al frente ha sido llamada y ungido por él. Marcar esa diferencia en el trato con la persona, porque Dios la marca.

Pero si yo no tengo comunión con Dios y creo que es cualquiera y lo trato como sea, lo estaría irrespetando. No podemos tratar a las autoridades como si fueran cualquier persona.  El Señor dijo: “No toquéis a mis ungidos”, ni siquiera tocar.

La Biblia dice que Saúl entró a la cueva porque ocupaba un baño, y David entra en ese lugar y lo puede ver aunque Saúl no, pero ahí mismo él le tocó el borde de su manto.  Inmediatamente se turbó su alma. David entendió que aunque se la debía, Saúl seguía siendo el ungido de Jehová.

Qué Dios juzgue a los ungidos.  Y nos va a juzgar con la medida de acuerdo al llamamiento y a la responsabilidad. Pero le toca al Señor, no a nosotros.

No juzguemos a una persona por apariencia, por los defectos.  No juzguemos a una persona porque es igual a mí.  No, si tiene un llamado, para Dios no es igual.

Empecemos a juzgar a las personas espiritualmente.

El que tiene comunión interna con el Señor manifiesta otra característica; temor de Dios.

No tengo temor de un terremoto ni de los falsos  profetas, ni al brujo, ni a un chamán que traen del exterior porque es el mejor chamán del mundo; yo le tengo que tener temor al Señor porque no hay nada MÁS GRANDE y más Poderoso que nuestro Señor.

Una prueba de que el Señor está gobernando mi vida interior es que externamente yo manifieste temor a Dios.

TEMOR A DIOS ES:

  • RESPETO
  • HONRA
  • OBEDIENCIA

Cuando Dios habla no me da opciones.

Cuando Dios habla me está dando mandamientos.

Cuando Dios hace una sugerencia delante de un hijo, éste lo tiene que captarla como un mandato.

Lo que vamos a leer en Hechos 16 es lo que le sucedió a Pablo:

Hechos 16:6-7  “6 Y atravesando a Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia.

 Y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia; pero el Espíritu no se lo permitió”.

Estamos hablando de un gobierno interior del Espíritu Santo. Usted quiere hacer esto o aquello en el entusiasmo de servirle al Señor.

No pase por alto el hecho de que usted no fue llamado a servirle al Señor en lo que usted quiere, sino que fuimos llamados a servir en lo que él nos llama.

A mí no me preguntaron si yo quería.

El Señor te llama.

En el entusiasmo de Pablo, él quería ir para allá o para el otro lado y no preguntó a nadie, simplemente eligió y yendo de camino; gracias a Dios que era un hombre que tenía vida de comunión interior, porque entonces pudo discernir al Espíritu diciéndole: “Aquí usted no entra”.

No era que Pablo quería desobedecer ni contrariar.  Era simplemente que no estaba esperando la indicación del Señor de por dónde era que tenía que ir. Entonces él decidía a discreción suya y el Espíritu le hablaba.

Gracias a Dios que había comunión con el Espíritu Santo, para que él entendiera de que no era ni aquí ni allá. Y que la próxima lo que tenía que hacer era preguntarle al Señor a dónde y en qué o esperar delante del Señor para que le indicara.

Esto es una manifestación del temor de Dios. “Señor no voy a ir a donde yo quiera en mi entusiasmo, voy a ir a dónde tú me envíes”.   “No lo voy a hacer en el momento que yo quiero, lo voy a hacer en el momento que tú me dices”.  Esto es parte del temor de Dios.

Hechos 23:3-5  3 “Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y contra la ley me mandas golpear?

 Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios injurias?

 Y Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás al príncipe de tu pueblo”.

En un momento dado el sumo sacerdote golpeó a Pablo cuando él estaba hablando del Señor, y cuando él recibe ese golpe; él le responde: “Dios te golpeará a ti pared blanqueada.

Aquí se manifiesta el temor de Dios en Pablo.  Verdaderamente el sumo sacerdote cometió un atropello. Pero él no tenía que responderle faltándole la honra.

Pero en el momento que le dice: “¿Al sumo sacerdote le hablas de esa manera?  Pablo se turba como se turbó David.

Eso es temor de Dios, porque comprende que se le zafó la boca y que él no tenía que proceder así.

¿Cuántas veces usted ha procedido de una manera y siente de inmediato  una incomodidad horrible?  Y no necesita que nadie le diga que hizo mal sino que usted entra en una incomodidad que tiene que ir a pedirle perdón al Señor y decirle: “Señor esto no lo vuelvo a hacer”.   Eso es que el temor de Dios se está desarrollando en usted. Siga a ese impulso porque siempre le va a llevar por buen camino.

I Pedro 1:13  “13 Por tanto, teniendo ceñidos los lomos de vuestro entendimiento, siendo sobrios, tened plena esperanza en la gracia que os será presentada cuando Jesucristo os sea manifestado”.

¿Qué es Ceñir?

  • Meterse una faja.
  • Ponerse en cintura.
  • Entrar en una disciplina.

¿Qué está diciendo Pedro?

  • Que se ajuste a esa disciplina.
  • Que tu entendimiento se ajuste a lo que está escrito.
  • Lo que está en tu mente debe de estar ajustado a lo que está escrito.

Eso lo que revela es temor de Dios en mi vida.

Dice la palabra que cuando el Señor cumplió ocho días de nacido, inmediatamente la familia, que son María y José, dice ya tiene ocho días, conforme a la Palabra hay que llevar unos tórtolos, conforme a la Palabra hay que llevarlo al templo.  No al séptimo día ni al noveno, conforme a la Palabra es al octavo día.

¿Qué es lo que están haciendo?

-Actuando conforme a la Palabra.  Eso es andar con temor de Dios.

¿Es la enemistad aprobada con Dios?

Alguien que teme a Dios no admite enemistad.

Alguien que teme a Dios no admite división.

Alguien que teme a Dios no incurre en murmuración.

Alguien que teme a Dios no hace muchas cosas que la iglesia hace.

Y después decimos:

“¿Por qué será que oran por mí y no me sano?

¿Por qué será que se ha perdido Poder en la iglesia?”

La iglesia  ha perdido temor de Dios, ha perdido ceñimiento a la Palabra, ha perdido caminar en obediencia y por esa razón hemos perdido el poder. Estoy hablando de la iglesia en general. En la medida que la iglesia se ciña a la Palabra, se consagra a hacer y no hacer, ceñido en su entendimiento; el Poder regresa a la iglesia.

La vida que está en nosotros es la vida de Cristo y está para restringirnos y limitarnos.

La nueva vida en Cristo es una vida de libertad pero de libertad del dominio del pecado.  Es una vida de libertad pero tiene frenos.

Que cuando el Señor te limita en algo y te dice: “Esto no te lo permito a ti”, usted tenga que frenar.  Y cuando el Señor le diga: “Esto usted no lo puede hacer”, usted se tenga que restringir. Y cuando usted frena, se limita y se restringe, usted anda ceñido los lomos de su entendimiento y usted anda en el temor de Dios.

Ya está entonces más cerca de que la gente le vea a usted y que vean a Cristo en todas y cada una de sus acciones.

I Juan 2:26-29 “26 Os he escrito esto sobre los que os engañan. 27 Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que ninguno os enseñe; así como la unción misma os enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, así también como os ha enseñado, permaneced en él.

 28 Y ahora, hijitos, permaneced en él para que, cuando aparezca, tengamos confianza y no seamos avergonzados ante él a su venida.

 29 Si sabéis que él es justo, sabed también que todo aquel que hace justicia ha nacido de él”.

La vida de Cristo cuando está creciendo en ti hace que no puedas dejar de adorarlo, pasas adorándolo en todo momento.  Estarás en el trabajo y vas a decir por una cosa u otra: “¡Ay qué grande es mi Señor, gracias mi Padre!, Señor tú eres grande, gracias por tu misericordia, Señor si no fuera por ti”.

El que tiene la vida de Cristo creciendo adentro, no puede callar, no puede dejar de adorarlo.

Jacob salió huyendo de su hermano como todos lo sabemos y se encontró en un lugar donde el Señor se le manifestó por primera vez a él de manera directa. Ante la manifestación Jacob dijo: “Este lugar se va a llamar desde ahora Betel, que es “Casa de Dios y Puerta del cielo”, porque ciertamente Jehová está en este lugar y yo no lo sabía”; esa fue la primera experiencia que Jacob tuvo en conocer a Dios. Pero era una experiencia externa.

Las experiencias externas se dan, pero se esfuman en términos de funcionabilidad; pero cuando las experiencias son internas: usted no puede separarse de lo que le pasó.

Pablo iba a los lugares y contaba el testimonio porque tuvo una experiencia interna y no podía separarse de lo que le pasó.  Él empezó a dejar que Dios creciera en él; y la comunión entre Jacob y Dios no calló por veinte años.

Cuando sale de la tierra de Labán para ir al encuentro con su tierra, él tiene esposas, tiene hijos en cantidad y dinero manifestado en ganados; nada le faltaba; más bien todo le abundaba.  Pero él fue a Peniel y le dijo a su Dios: “Yo no te dejaré hasta que tú no me bendigas”.

Ya ahora no era importante tener todo lo que la gente anhela y en abundancia como lo tenía; ahora este hombre valoraba por encima de todo, la bendición de Dios en su vida.

Ahí tenemos un hombre que en Betel lo conoció por fuera pero en Peniel dijo: “De aquí no me voy, no quiero vivir, no quiero dar un paso más sino tengo tu bendición sobre mí”.

Oro sobre tu vida en el Nombre de Jesús, para que ahora que has sido enseñado y has sido concientizado de la vida que está creciendo en ti, de aquello que cuando te convertiste solo fue un pequeñísimo embrión, pero vivo al fin y se ha venido desarrollando.

Oro para que se desarrolle más y llegue al punto de alumbramiento.  Porque cuando esto acontezca aun tu familia, que te es contraria; tendrá que reconocer el Cristo que vive en ti, porque será mostrado en ti, en tu conducta.

Vas a cambiar el curso de tu vida, vas a cambiar tu forma de hablar, vas a cambiar tus actitudes, tu manera de adorar.  Tu adoración va a ser espontanea. Las cosas que antes hacías y que compartías; ya no las vas a poder compartir, no las vas a poder hacer.

Vas a vivir una vida restringida y feliz.

Como lo hace siempre un campeón que quiere ganar las medallas de oro y dice: “Todo lo vale con tal de tener ese galardón.  Todas las limitaciones y las disciplinas en las que estoy, solo me garantizan ser la persona que quiero ser”.

Yo quiero pagar el precio para que vean a Cristo en mí.

Quiero pagar el precio para que Cristo se exprese a través de mí.

Quiero pagar el precio para que Cristo manifieste su Poder a través de mí.  Quiero pagar el precio para que cuando abra mi boca a una persona no convertida, fluya el Cristo que vive en mí y le redarguya y le convenza de pecado y también le redarguya y le convenza de la necesidad del Cristo que vive en mí.

Quiero que la gente diga: “Esta persona es diferente, tiene un Espíritu diferente”, que diga: “que en esta persona fluye una sabiduría diferente, un Poder diferente, un Poder que no es humano, hay algo que le acompaña, algo que le asiste, algo que cuando pisa mi casa, algo le sucede a mi casa. Hay algo que cuando me toca, algo me sucede a mí.  Algo que cuando habla siento unos deseos de llorar y de arrepentirme”.

Esto tiene que suceder en la vida tuya y mía.

Y le tengo noticias, ya está sucediendo y creciendo en tu interior.

Tienes a Cristo viviendo dentro de ti y él planea asomarse a través de tu vida y quiere dejarse ver y glorificarse a través de tu vida.

También en el temor de Dios, disfruta de su comunión. Y si no le anhelas dile: “Quiero anhelarte”.

“Señor que se manifieste en nuestra adoración que vives en nosotros.

Que se manifieste en nuestra manera de relacionarnos con los demás, de hablar y tratar a los demás, que se muestre que tú estás creciendo en mí, que se manifieste que tú vives en mí.  Que la gente lo pueda ver.  Que la gente te pueda ver en mí Señor, para que la gente sea ministrada, que la gente que no te conoce quiera conocerte”.

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