Home / Lo profético y elementos direccionales para el triunfo

Veremos algunas direcciones de lo que se debe de poner en una alforja profética para obtener el tan ansiado triunfo más a la manera bíblica y no secular solamente.  Hablamos del reconocimiento absoluto de haber caminado por sendas  del error, mas no un reconocimiento emotivo y verbal, sino de manera práctica y sostenida en el día a día.

 

Es tiempo de superar los errores es decir dejarlos definitivamente atrás; de vivir haciendo actos en el diario vivir que logre la frustración absoluta de los planes de nuestro oponente.  Estratégicamente usaremos también los errores del pasado para lograr la derrota en el hoy  en nuestro avance y en el avance de otros para que no les haga la vida difícil.

Los que ayer fueron un desastre van a ser los sobrevivientes de esas trampas y a la vez los guías, los mapas, los anunciadores a aquellos que vienen detrás de nosotros, y así se libren de caer en ellas.

Por ello algunos de nosotros que hemos salido de errores, le tendemos la mano a usted que se dice usualmente: “no doy una”, como dice el refrán.

  1. “Cambie de Actitud”

La actitud  es el monitor de tus emociones y de las mías. Y es vital en este tiempo aprender a mantener una actitud correcta. Israel caminó a través del desierto murmurando, dudando de las palabras de Dios y teniendo continuamente miedo, temor.

Esa última,   fue una actitud pésima y funesta ya que les trazó su sentencia y no entraron en la tierra que el Señor les había prometido. Pero nosotros podemos cambiar de actitud y decir: “El Señor nos dio otra oportunidad y va con nosotros en esta nueva oportunidad y caminar.

Él nos ha trazado un mapa para que podamos llegar de forma garantizada a la meta que nos ha señalado.

  1. Alinéese

En  nuestra vida como edificio espiritual  en construcción  de Dios vamos a requerir continuamente de la intervención divina aplomada, ya que es su plomada quien nos orienta a saber si estamos caminando correcta o incorrectamente.

Su plomada que viene a ser la guía profética que el Espíritu Santo da en su enseñarnos  a hablar,  qué decir y que no, cómo marcar ruta con la Palabra de Dios y no las palabras circunstanciales,  cómo llamar lo que todavía no se ve que es, cómo Dios lo ve, que si somos lo ya dicho por Él.

El Espíritu Santo en su Palabra es la plomada que nos alinea como cuando una puerta se sale de su quicio y la vemos desnivelada, algo torcida, chillando porque pega en alguna parte y todo ello le impide cerrar bien.  Esa palabra hablada y vivida de forma correcta viene a ser la plomada que nos alinea a la perfección de la libertad y los cumplimientos de Dios hacia Su éxito.

Sin embargo, al igual que nos pasa en nuestro cuerpo físico cuando una rodilla, caderas, o piernas se desalinean; y para volvernos a la salud y a la paz corporal, vemos al ortopedista hacerlo; así como nos duele para que nuestro órgano se vuelva a alinear, así el Espíritu Santo insiste en cómo debemos de hablar, y como duele no decir todo lo que dis merecemos y sentimos.

Cómo duele alinear nuestro corazón al de Dios, cómo duele no defendernos, cómo duele y molesta el decir solo lo que Dios dice.  Cómo duele ver deshacerse  paso  a paso la inflamación o hinchazón de nuestro orgullo y ego para que nuestro corazón llano hable solo como Dios habla.

Pero es imprescindible dejarnos alinear por Él.

Permita la constante corrección,  es decir, alinéese. Hoy estamos al frente de una Iglesia que quiere llegar a la meta pero sin que los acreditados para guiarles,   les estén  corrigiendo. La plomada existe para darles las correcciones del caso en los momentos oportunos a fin de que usted y yo podamos llegar a feliz término.

La humildad es el cimiento para que nosotros nos  dejemos corregir.

Permita que Dios corrija a través de sus pastores, maestros, mentores, jefes, padres, por supuesto del Espíritu de Dios,  de la voz de la conciencia que le dice aquellas cosas que no caminan bien en usted.   Alinéese para que evite dolor, alinéese para que no quede sin movilidad hacia el frente donde Dios le quiere llevar.

Alinéese para que deje de lidiar día con día con situaciones entrabadas que no lo dejan ir donde debe, tener lo que merece y ser lo que Dios destinó que sea.

  1. “Adáptese”

Adáptese a lo nuevo. Continuamente la voz del Espíritu Santo en su mover profético nos está hablando a ir a cambios.  Él no es un ser inerte e inmóvil. Siempre nos está dirigiendo, por lo cual debemos ser personas adaptables a lo nuevo, ya que el Señor quiere  que usted gane ahora, gane mañana, gane el próximo mes, y siga ganando el próximo año.

¿Ganar qué?  Que viva ganando una guerra tras otra,  tras otra, actitudes correctas vez tras vez porque Dios quiere llevarle más allá.

Adáptese a lo nuevo. Nosotros no fuimos creados para quedarnos estancados en lo que ya conocemos, que hemos venido haciendo por mucho tiempo.

Debemos llegar a la conclusión correcta de que estando allí donde hemos estado durante mucho tiempo las cosas no están mejorando, entonces el paso es adaptarse a lo nuevo.  ¿Y qué es lo nuevo?  Parte de lo nuevo es dejar de hablar igual, orar igual, trabajar igual, dar igual, estudiar igual.

¡Vaya más allá!

  1. No viole los límites

Todas las promesas que Dios nos ha dado tienen límites de protección. Y nos da límites para protegernos nunca para que nos estanquemos. Más cuando nos habla del enemigo, nos habla de cómo podemos romper límites.

A los límites que me refiero para no confundir a los amados santos del Señor es a aquellos principios que debemos observar y no violar para vivir cubiertos.

Para vivir avalados por el cielo; pero si nos salimos de los límites automáticamente nos salimos de la esfera de sobrenaturalidad donde el favor de Dios opera a favor nuestro.

Hasta aquí llevamos: actitud, alineamiento, adaptación a lo nuevo, y respeto a los límites que el Señor ha puesto para nuestra protección.

  1. La Confianza

La confianza es una base o fundamento que ha sido provista por una relación, cualquiera que esta sea. Cuando usted se relaciona con alguien como con algo, la confianza de aquello que hace y hacen es lo que va surgiendo y creciendo.

La confianza es también un conjunto de verdades que se hacen día a día, y esto arroja conocimiento, experiencia, resultados por lo que se está constantemente haciendo.

Así sucede también con la Palabra bíblica.  Confianza es lo mismo que Fe. Así lo traducen los idiomas hebreo y griego.

Entonces cada vez que decimos que tenemos fe lo que estamos diciendo es que tenemos cada día más y más confianza en lo que Dios nos ha venido diciendo. Y ésta confianza solo se basa en una relación y un conjunto de sus verdades que mi trato con el Señor constantemente arrojan, y también me  viven protegiendo.

La confianza está ligada a una persona y objeto que usted estima y valora. Por eso oímos mucho la expresión “traicionaste mi confianza”. Por eso cuando siempre estamos conectados con Jesús, y Él es el objeto de nuestra estima, de nuestra confianza plena y de todo lo que nos promete, esa amalgama con Él va a ir creciendo cada vez más y más, y se mantendrá ilesa en las circunstancias que puedan presentarse.

La confianza nos inyecta poder diariamente a todo lo que creemos, sentimos, vemos y pasamos.

Y es precisamente el poder derivado de la confianza,  lo que nos arroja a vencer los obstáculos en la vida en la forma en que se vayan presentando.

Tus creencias y las mías van creando movimientos extraordinarios  en la vida para poder ejercer ese poder que va manando de ella.

  1. La Bendición de tu linaje.

Hablo del linaje del que procedes ahora, ese que recuperaste en Cristo, “bendito seas Señor”.  Esas bendiciones de tu linaje tienes que conocerlas. Porque son para que puedan ser guía y dirección en la alforja de tu triunfo. Tu linaje es de reyes.

Eres  un linaje de conquistadores y no de conquistados. No de derrotados. Cuando sabemos  y creemos, cuáles son las bendiciones de nuestro linaje caminaremos muy confiados, no importando los obstáculos del camino, porque estamos convencidos que tenemos todos los elementos en nuestro ADN para ser quien venza en toda situación.

Esto es lo que se ajusta a tu diseño por causa de la bendición de tu linaje en Cristo.

¡Tú decides si lo crees y caminas como Él dice, o caminas por lo que se ve y se siente! O te apoderas del nuevo linaje que tienes en Cristo, o sigues siendo un linaje de pecado y de pérdidas.

  1. “La Habilidad de producir algo,  de la nada”

Habilidad de producir algo de la nada.

¿Sabe cómo se llama eso?

Creatividad.

Usted y yo nacimos con ello.  La creatividad es inherente a todo hijo e hija de Dios. Es parte del nuevo linaje también.

Muchas veces se preguntará de dónde le vienen tales ideas grandiosas, ya que sabe no son del estudio que tenga solamente.

Salen, brotan,  aplíquelas, no las deje pasar y colóquelas en la alforja del triunfo para su vida y generaciones.  Créalo y combínelo después de la confianza que tiene en Dios con el octavo elemento:

  1. La Astucia

La Biblia nos habla al puro inicio del Génesis que la serpiente era astuta más que todos los demás animales del Huerto.

Esto hizo que la astucia fuera algo permanente en la serpiente cuando estaba poseída por el espíritu satánico.  Entonces, ¿cómo aplicar  algo del enemigo se estará preguntando?

La respuesta es que la astucia no fue posterior sino anterior, cuando él era Lucero y  no Satanás.  El adversario la tomó para sí, pero su creación fue de Dios.

La astucia es más que la sagacidad.  Recuerde lo que dice la Palabra en los evangelios por boca de Jesús, “los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz”.

La astucia es un elemento mayor que la sagacidad, ya que esta última es la habilidad mental para planear, innovar, mientras que la astucia es una capacidad mayor que te da la capacidad de burlar y vencer a tu enemigo. Por ello, Satán se la adjudicó, y siempre se malentendió la palabra.

La astucia es poder para utilizar en momentos estratégicos, que desvíe los malos planes del enemigo que vienen contra nosotros. Es poder para que él no pueda seguir bloqueándonos.  En I Samuel 8  vemos cómo Saúl planeó destruir a David, más vemos la astucia florecer en David, como hijo de Dios desviando los intentos de destrucción que Saúl mandaba y esto se repite muchas veces.

La astucia es para hacer los movimientos correctos en el tiempo oportuno de tal manera que no sufras daño a pesar  de que el enemigo insista contra ti.

Escrito está que el enemigo se levantará contra ti como un río, más el Espíritu de Dios te levantará bandera, identidad de triunfo y victoria.

  1. La Disposición

Al caminar con el Señor debemos cambiar lo que por idiosincrasia es nuestra formación.

Cuando Jesucristo en Mateo 4 se encuentra con Satanás, inmediatamente al recibir los ataques verbales del enemigo y discernir las intenciones que estaban detrás de sus ataques; el Señor le confrontó con la Palabra de Dios únicamente, y no fue solo una vez, sino todas las veces que el adversario vino a atacarlo.

Use solo la Palabra que lee que está escrita, que conoce. No se detenga. No se trabe, no se vuelva intelectual, deje su idiosincrasia del mundo, y responda como Cristo lo hizo, solo allí hay victoria.

Su disposición es su victoria.  No su análisis de la situación.

Josué lo hizo también. Cuando se enfrentó a aquel personaje y le dijo: “¿Quién eres tú gran monte, porque serás reducido a nada?”.

No cuestione, ni piense que va a decir, ya está dicho, ya está escrito, esa es su única victoria.

Esto es confrontar. Y eso significa la batalla entre dos fuerzas para que surja la verdad. La verdad de tu idiosincrasia y formación, o la verdad de Dios que te ha venido permeando.

Si quieres abrirte paso la confrontación es necesaria.

Dios está reclutando un grupo de gente suya que desarrolle estas características a la orden del Espíritu Santo.

Espíritus humildes se necesitan para que solo uno gobierne, y los demás se postren reconociendo un solo dominio, un solo reino, un solo Dios y Señor, un solo sabio, uno solo, y así alineados a Él podamos desechar ideas preconcebidas, formación, naturaleza y tomar posesión de lo que ya es nuestro.

Dispóngase mi amado hermano y hermana.

Siéntalo, créalo y hágalo.

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