Home / Modo Operativo de Satanás #1

La mayor parte de la Guerra Espiritual se gana con nuestro conocimiento de la obra del enemigo; no se trata de estar luchando todo el tiempo, sino de estar conscientes de que la batalla se está librando cada minuto en nuestra vida.

El enemigo ha visto antes nuestra inconstancia, él sabe cuántos creyentes se comprometen a orar y estudiar la Biblia regularmente, solo para perder el entusiasmo pocos días después.  El enemigo se puede permitir el lujo de esperar pacientemente hasta que bajemos la guardia, él esperará el tiempo que sea necesario.

Satanás siempre pelea con vileza. Él percibe nuestros momentos de desánimo como sus oportunidades y como es fiel a su naturaleza; golpea con determinación cuando más débiles nos encontramos.  No debemos subestimar lo malo que él es, ni lo terrible que son sus intenciones hacia nosotros.

Él nos ataca porque nos odia, anhela nuestra destrucción total, carece de bondad y está absolutamente carente de virtud y compasión alguna.  También carece de todo sentido de equidad, no tiene misericordia y cuando nos encontramos abajo; nos patea.

Satanás nota nuestras debilidades; sean de lujuria, duda o depresión; y espera pacientemente la oportunidad perfecta para sembrar semillas de destrucción en nuestras vidas.

Nuestra responsabilidad es reconocer la constancia del enemigo y sorprenderlo examinando las zonas de debilidad que nos ha causado fracasos en el pasado.  Podemos ser fuertes y vencer donde antes fracasamos.

Cuando el diablo no puede lograr nuestra propia destrucción de manera inmediata; nos incita a una forma de suicidio más lenta; alguna forma autodestructiva de escapar de la vida.  También intenta destruirnos con el pecado, nos tienta a pecar bajo la seducción de una realización.  Su intención es destruir nuestra mente, nuestro cuerpo, carácter, reputación y relaciones.  Cuando se trata del pecado; o nos paramos firmes contra el enemigo o estamos de su parte.

La trampa de Satanás para nuestra destrucción es muy seductora e igualmente engañosa.  Sus maquinaciones son muy complicadas y se extienden a todo ser viviente, él tiene realmente un plan para nuestra vida, los creyentes debemos de estar conscientes de esto, eso sí, conscientes más no alarmados.

Todos tenemos nuestros altibajos emocionales y psicológicos, y estos altibajos no son demoníacos en su naturaleza, sin embargo el enemigo trata de aprovecharlos.

Dios no espera que estemos emocionalmente animosos siempre, es normal sentirse desanimados algunas veces, estar deprimido o triste, pero debemos recordar que nuestro enemigo atacará siempre que estemos vulnerables, por lo cual es necesario que aprendamos a animarnos nosotros mismos y a los demás.

La guerra espiritual elige alertas y en vigilancia constante de las actividades del enemigo.  Esta vigilancia es muy parecida a un radar, para que el radar sea efectivo tiene que ser constante, si la antena deja de girar en algún momento, el sistema es inútil.

Satanás estará consciente en el momento en que interrumpimos nuestra constante vigilancia y sacará total ventaja de nuestras flaquezas.

Cuando el diablo entre en la pantalla de nuestro radar, una luz de advertencia debe encenderse dentro de nosotros, preparándonos para el ataque y a menudo, impidiéndolo totalmente.

ÁREAS ESTRATÉGICAS DEL ATAQUE

En toda guerra, las zonas estratégicas son fuertemente fortificadas para defenderlas del enemigo.  Quien ocupe los lugares claves probablemente ganará la batalla.  Hay tres zonas estratégicas en nuestras vidas que tenemos que fortificar contra ataque:

  • La Mente
  • El Corazón
  • La Boca

LA MENTE

Todo pensamiento que penetra nuestra mente tiene tres posibles fuentes:

  • Se pueden originar en nosotros mismos ya que Dios nos creó con la capacidad de producir pensamientos independientes de cualquier otra fuente.
  • Pueden venir de Dios. Él puede hablar a nuestra mente.
  • El enemigo, las fuerzas de las tinieblas también nos hablan.

Algunas personas se preguntarán cómo es que el diablo habla a nuestra mente, él no es omnipresente por lo que le es imposible estar en cientos de miles de lugares al mismo tiempo, tentando y atacando a la gente.

Él utilizó a sus ángeles caídos para que bajo sus órdenes ataquen la mente de las personas.

Aunque las fuerzas de las tinieblas no pueden leer nuestra mente, si pueden poner sugerencias a ella. (Mateo 16:23)

La mayor parte de la guerra espiritual se libra en la mente del hombre, tiene que ver con el reconocimiento de si un pensamiento es recto o concuerda con la verdad de Dios.  No todos los pensamientos malos vienen de parte del enemigo, pero sí él los aprovechará todos.

Dios nunca destinó nuestra imaginación para que fuese abusada con información infernal. Nos dio la imaginación para la fe.  Fe es imaginar lo que Dios ha hablado como si ya estuviera realizado. (Hebreos 11:1)

Existen dos tipos de pensamientos muy comunes hoy entre los creyentes y los inconversos.

  • Pensamientos de inferioridad

Nos dicen constantemente que somos insuficientes, que carecemos de logros y de valor. Estos dardos nos producen envidia y nos hacen competir unos con otros.

  • Pensamientos de condenación

Nos hacen sentir como si nunca pudiésemos llegar a obtener la aprobación de Dios.  Estos son ejemplos de fortalezas espirituales que tienen que ser destruidas mediante la Guerra Espiritual, rechazándolas y aceptando en su lugar lo que Dios dice de nosotros en la Biblia.

2-EL CORAZÓN

Cuando la Biblia se refiere al corazón quiere decir muchas cosas. Referente a la Guerra Espiritual tomaremos dos significados:

  • Actitudes

En la Biblia se nos describe una armadura de Dios que protege miembros importantes de nuestra anatomía.

Tanto en lo físico como en lo espiritual, la cabeza y el corazón son los más vitales y vulnerables.

Demasiados veces permitimos que las malas actitudes echen raíces y se manifiesten sin tenerlos; para mantener al enemigo alejado de nuestro corazón tenemos que tratar inmediatamente con las malas actitudes que nos afloran.

No podemos pensar que todas nuestras actitudes malas desaparecen cuando fuimos salvos.  La Biblia es clara acerca de nuestra responsabilidad diaria para tomar decisiones y rectificar las malas actitudes.

Vivir responsablemente y consecuentemente es muy importante, porque los poderes de las tinieblas pueden manifestarse de acuerdo a nuestras actitudes.

No podemos vivir victoriosos si toleramos la amargura, la rebeldía, la independencia, el orgullo, la incredulidad o una actitud de crítica constante.

Cristo alcanza una victoria total derramando su sangre en la cruz por nosotros.  Pero no conoceremos esa victoria en nuestro andar diario, sino tratamos con las malas actitudes del corazón.  Dios no nos hace responsables de lo que no sabemos sin embargo cuando él revela malas actitudes, tenemos que tratar con ellas rápido y completamente.

  • Emociones

Es tan importante tratar con las emociones negativas como con las malas actitudes. Las emociones no son malas. Dios tiene emociones y nos dota de ellas.  Son un componente importante en nuestra vida.  Sin las emociones viviríamos existencias apagadas y descoloridas. No obstante, el diablo gusta de inspirar emociones negativas y ejerce influencia sobre las emociones de la gente en grados alarmantes. (I Pedro5:6-9).

La perfección bíblica no quiere decir que nunca estaremos resentidos ni enojados, significa que cuando lo estemos lo reconoceremos en nuestra vida y trataremos con ellas inmediatamente; humillándonos.

Tenemos una promesa de Dios de que si nos humillamos, Él nos exaltará.  Una humillación genuina es seguida siempre de una exaltación, Dios siempre cumple sus promesas y no debemos tener temor de ser humildes.

I Pedro 5:8 nos dice: “Sed sobrios”.  Cuando se trata de Guerra Espiritual; sed sobrios significa estar constantemente conscientes; es decir, no permitirse estar bajo la influencia de nada que nos impida estar consciente de lo que nos rodea.  Mientras que estemos sobrios y siempre conscientes de dónde estamos y de la potencial amenaza, podemos disfrutar de la vida a su plenitud y confiar que el Espíritu Santo no está guardando del peligro.

El león rugiente busca devorar a los hijos de Dios, pero no lo puede hacer por causa del Poder de Dios para guardarnos; el diablo lo sabe y nos amedrenta con su rugido, entorpeciendo con frecuencia la eficiencia que un individuo podría haber tenido.  Si reaccionamos al rugido y nos apartamos de la obediencia a Dios, podemos permitir que el enemigo nos devore, pero Dios quiere que plantemos firmes nuestros pies, Él tiene que saber y nosotros también tenemos que saber que no importa lo que suceda, le responderemos solamente a Él, y aunque nuestras emociones estén clamando que huyamos o renunciemos, debemos siempre permanecer firmes y esperar en Dios.

Él no nos fallará y el enemigo no aflojará sino hasta ver esta determinación en nosotros.

  • LA BOCA

Con frecuencia nosotros, que supuestamente debemos alentar a los hermanos y proclamar la verdad, permitimos que nuestra boca se convierta en arma de destrucción en manos del enemigo.

Muchas heridas profundas en la vida de las personas se pueden atribuir a comentario hechos a ellos o respecto a ellos.  Estas heridas tan reales como las físicas son causadas por palabras habladas.

Las palabras pueden ser herramientas para vida o armas para muerte.  Nuestras palabras pueden ser vehículos del Espíritu Santo para la verdad, para la rectitud y la vida; o vehículos de satanás para el engaño, la acusación y la muerte.

Las palabras al igual que la música, son un medio.  Un medio no es moral ni inmoral; ni bueno ni malo.

Proverbios 18:21, Salmos 141:3, Job 1:22 y Job 2:10 son pasajes que nos demuestran el poder y la autoridad de nuestra boca y la importancia de guardar nuestras palabras.

Hay muchas formas de pecar con nuestra boca y satanás se deleita en inspirar nuestras palabras en una reunión, un comentario se convierte en observación.  Las observaciones nos producen preocupaciones y a causa de ellas se originan críticas y acusaciones.  Santiago 3:10 dice: “De una misma boca provienen bendición y maldición”, podemos dejar salir bendiciones sobrenaturales de nuestra boca, o podemos cooperar con el ataque del enemigo contra la gente.

SI CONSTANTEMENTE CUIDAMOS NUESTRA MENTE, CORAZÓN Y BOCA; NEGAREMOS AL DIABLO EL ACCESO A NUESTRA VIDA Y VERDADERAMENTE OBTENDREMOS LA VICTORIA.

NUESTRO ESPÍRITU EN FORMA

La Guerra Espiritual requiere de un alto nivel de aptitud espiritual.

Efesios 6:10 Cuando la Biblia discute la Guerra Espiritual nos ordena sencillamente “FORTALECERNOS”. La Palabra de Dios dice: “Diga el débil: “Fuerte soy” y “Fortaleceos”; cuando nosotros que somos fuertes en el Señor, negamos esto, declaramos nuestra debilidad.  Esta actitud está en contradicción con la verdad, está en oposición directa a la Palabra de Dios.

¿Juega Dios cruelmente con nosotros?

¿Nos pedirá Dios algo que no se pueda hacer? ¿Juega Dios cruelmente con nosotros o tenemos la capacidad de hacer lo que Él nos pide; vivir de acuerdo con sus instrucciones?

El cristianismo no es solo una creencia o confesión, es una vida.  No hay principio Bíblico al cual no podamos adherirnos, mandamiento que no podamos obedecer, ni promesa más allá de nuestro alcance.  Cuando la Biblia dice: “Fortaleceos”, podemos ser fuertes. No quiere decir que lo podamos hacer solos.

El orgullo dice: “Soy fuerte en mí mismo”, la gente que tiene este orgullo descubre en la dificultad, que necesita a Dios.  Todo lo que somos, tenemos y podemos hacer es debido a Él.  Estamos en una guerra espiritual, y si no sabemos que podemos ser fuertes; viviremos en derrota continua.

Estar de acuerdo con la verdad de Dios es humildad.

En Cristo somos fuertes.

ACONDICIONAMIENTO ESPIRITUAL

Es importante en la Guerra Espiritual mantenerse en buena condición.

Dos cosas que los creyentes podemos hacer para mantener nuestra fuerza:

  • Hablar con Dios y escucharlo. Tenemos que estar en la Presencia de Dios y hablar con Él, conscientes de que está interesado y escuchando.  Entonces debemos estar igualmente dispuestos a escucharlo.  La fuerza viene de estar en Su Presencia.
  • Meditar en la Palabra de Dios: Algunos de nosotros hemos sido expuestos a predicaciones y versículos de la Biblia, si algunos de ellos han marcado una diferencia en nuestra vida, es porque nos hemos tomado el tiempo para meditar en ellos. Los versículos que solo leemos no tienen ningún significado en nuestra vida.  Una estrategia que nos puede ayudar a meditar en la Palabra, es que cada vez que leemos u oímos una prédica, podemos imaginar que alguien nos señala con el dedo y exige: “Dime lo que acabas de aprender”, eso nos obliga a reflexionar.

Otra cosa que debemos hacer para fortalecernos es tener comunión.  La idea de tener comunión no es solo para celebrar una reunión, sino para promover la relación con nuestros hermanos y hermanas en Cristo.

La comunión comienza con ser accesibles y sinceros.  Relacionarnos unos con otros en humildad nos fortalece.

Hebreos 3:13, la verdadera comunión incluye la exhortación.  Tenemos una responsabilidad de exhortarnos y guardarnos uno al otro de la dureza de corazón.

Dios nunca pretendió que viviésemos nuestro cristianismo solos, somos parte de la familia de Dios. (Judas 19:20)

Otro medio para el acondicionamiento espiritual es orar en el espíritu: hablar en lenguas.  I Corintios 14:4

La Biblia es muy clara: Orar en el Espíritu edifica y fortalece el ser interior.  Somos fortalecidos también cuando Adoramos con la adoración verdadera, que es venir ante el Trono de Dios con la conciencia limpia y postrarnos ante Él.  Es contacto verdadero con Dios.

Necesitamos ser fuertes, porque la fuerza es una parte esencial de nuestra relación con Dios.  Ser fuertes es conocer a Dios, amar a Dios, hablar con Él, oír su Voz, adorarlo y confiadamente estar firmes con Él en la victoria.

Los creyentes nuevos no son menos débiles que los viejos. Hay muchas cosas que no sabemos. Todavía estamos creciendo y en continua necesidad de ser transformados, nuestro carácter es perfeccionado continuamente. En Cristo no somos débiles, por el contrario somos fortalecidos con su fuerza y debemos estar firmes en confianza y fortaleza contra el enemigo.

Las contiendas en la lucha se ganan no solo con fuerza, sino también como resultado directo del conocimiento.

Cuando un luchador de boxeo comenzó a luchar, adquirir conocimiento fue una parte importante de su entrenamiento; no sería permitido detenerse en medio de un combate para consultar con un libro de lucha.  Su conocimiento de los movimientos y las llaves en la lucha tuvieron que convertirse de antemano en segunda naturaleza para él.

Igualmente sucede con la guerra espiritual. Somos verdaderamente fuertes pero hay ciertas cosas básicas que tenemos que saber.  Hemos visto que la guerra espiritual y la lucha son constantes.

Es cierto que la batalla es constante y no reconocerlo es vivir en derrota continua.  Como creyentes necesitamos saber que nunca hay un minuto de nuestra vida cuando la batalla no esté ocurriendo. No obstante, si andamos fortalecidos y conocemos las llaves, la batalla no será un gran impedimento.  Podemos caminar cada día completamente seguro y capaz de enfrentar cada crisis, circunstancia o ataque del enemigo cuando se presente. Es constante, pero podemos descansar en nuestra fuerza, dependiendo de Dios. El reposo de la fe no significa inactividad espiritual.

II Crónicas 20 nos da un claro ejemplo de que somos responsables de combatir al diablo con la fuerza de Dios y si somos fuertes y conocemos las llaves, no es un peso enorme sino una rutina de disciplina en la que podemos descansar.

Reconocer las maquinaciones del diablo es conocer las llaves. II Crónicas 2:9-11

Comience conociendo las llaves del enemigo y termine con una contra llave que acabará rápidamente la lucha.  Las maquinaciones del enemigo fallan cuando las reconocemos. Solo reconocerlas nos da la victoria.

LOS SECRETOS DE DIOS NOS AYUDAN A TRIUNFAR

I Corintios 2:6-8

Hay una sabiduría que está oculta de los poderes de las tinieblas, pero accesible para nosotros si somos humildes delante de Dios.  Esta sabiduría dice el escritor de hebreos, es para los maduros. (Hebreos 5:14)

La sabiduría secreta de Dios es para los que están aprendiendo a reconocer las estrategias del diablo. La sabiduría de Dios nos ayudará a discernir y a reconocer as obras del diablo en nuestra vida y en el mundo que nos rodea.

Si esperamos en Dios, conoceremos las llaves, si conocemos las llaves, podemos contraatacar, y la guerra espiritual se convertirá en una rutina tan cómoda como una ducha diaria.

Efesios 6:12 dice que nuestra batalla es contra principados, potestades gobernadores de este siglo y huestes espirituales.  No Obstante, una verdad de igual importancia en este versículo es que nuestra lucha, no es y contra quién no es. Nuestra lucha no es contra carne y sangre. Tenemos la tendencia de olvidarlo.

La razón por la que un diablo derrotado ha vencido a una supuestamente victoriosa iglesia es porque siempre estamos peleando unos contra otros. Mientras luchamos contra nuestros líderes porque no hacen lo que queremos, contra nuestros hermanos porque creen diferente y contra nuestros colaboradores, satanás anda libre en la tierra y es culpa nuestra.

Esa es la historia de la iglesia, Las cruzadas, la inquisición y las divisiones; todas han sido llevadas a cabo en el nombre de Dios, de Jesucristo y de la guerra espiritual.  Tenemos que entender que nunca debemos pelear contra la gente.  Podemos ganar la discusión y todavía perder, podemos tener la razón y sin embargo estar errados en nuestra actitud.

Aunque tengamos la doctrina correcta, damos entrada al enemigo si dañamos a la gente cuando la defendemos, está bien debatir asuntos, pero no a la gente detrás de los asuntos.  Jamás podemos ganar si luchamos contra otros seres humanos.

Todas nuestras luchas contra unos y otros; nuestras batallas carnales desde el comienzo de la historia hasta hoy, solo han fortalecido el control de satanás en la tierra sobre los perdidos y sobre el pueblo de Dios.

Nuestro orgullo nos ha metido en una lucha en la que cualquier participación significa la derrota.  Si peleamos contra la gente, no podemos pelear contra el enemigo.  La lucha es sobre los asuntos de los hombres en la tierra, es entre las fuerzas de las tinieblas y las fuerzas de la luz. Podemos tener una mentalidad tan terrenal, luchando en la dimensión terrenal, que no sirvamos para la lucha celestial.  Disparamos nuestros cañones en la dirección equivocada.

Debemos combatir los problemas de la sociedad, pero no a la gente. Pelear con la gente nunca avanza el Reino de Dios, no importa lo correcto de nuestra posición.

El Reino de Dios avanza por medio de Dios y su respuesta a nuestras oraciones, y por medio de nuestras acciones dirigidas por el Espíritu Santo.

¿PUEDE DIOS HACERSE CARGO DE TODO ESTO?

Si realmente creemos que el Espíritu Santo puede hablar con el corazón de la gente y que tiene un nivel de influencia mucho más alto que el nuestro, ¿no deberíamos de llevarlo todo, toda preocupación u observación a él? Es lamentable, pero con frecuencia venimos a Dios después de que hemos fracasado en nuestros intentos y dejado un rastro de corazones abrumados y heridos. Y constantemente estamos convencidos de que tenemos la razón.

Toda acción de nuestra parte que trate con la gente antes de orar e interceder de corazón, nace de un inmenso orgullo.  Creemos que podemos manejar las cosas mejor que Dios.

Dios ama a la gente muchísimo más que nosotros y también es muchísimo más capaz que nosotros para ejercer influencia en el corazón de las personas.  Si realmente creyéramos esto, ¿No estaríamos en constante oración los unos por los otros?

CINCO COSAS PARA RECORDAR:

  • Debemos orar antes de actuar.

Aun en situaciones donde tengamos responsabilidad como pastores, líderes o padres, siempre debiéramos orar primero.  No se trata de no hacer nada y que Dios lo haga todo.  Oramos primero, dando a Dios una oportunidad de ministrar en la situación y mantener las relaciones.

  • Debemos resistir al enemigo y asumir autoridad sobre él.

El problema no es la persona, sino los poderes de las tinieblas que aprovechan toda situación, multiplican el conflicto, estorban la reconciliación y destruyen las relaciones.  Debiéramos de enfrentar toda situación  con una resistencia deliberada contra el diablo, resistirlo y atarlo en el Nombre de Jesús.

  • En vez de luchar contra carne y sangre cuando somos reprendidos, podemos juzgar sinceramente si en ello hay algo de verdad.

Toda reprensión, crítica o acusación debería ser tomada en cuenta con humildad, pudiera ser total o parcialmente cierta.

Cuando consideramos las posibilidades de que pudiéramos estar equivocados, somos accesibles al ministerio de otros en  nuestra vida. Esto es actuar con humildad y así se empieza a librar la Guerra Espiritual.

El orgullo ha incapacitado a la iglesia por siglos, por lo general estamos más equivocados de lo que nos gusta admitir, pero aunque tengamos la razón y realmente sepamos la verdad, debemos estar abiertos y dispuestos a examinar el contenido de lo que nos dicen los demás.

  • Jamás debemos perder la fe o caer bajo condenación.

Las palabras de la gente, con razón o sin ella, no deberían hacernos titubear en nuestra fe en la Palabra de Dios, en nuestra confianza de la salvación o en nuestra fuerza y madurez.  Cuando otros están en desacuerdo con nosotros, podemos quedar emocionalmente incapacitados, dudamos de lo que siempre hemos creído que es la verdad y hasta podemos dudar de Dios.  Nunca tenemos por qué perder la confianza, sino que debemos permanecer fuertes en nuestra fe.

  • Debemos mantener buenas relaciones a toda costa.

Proverbios 18:19 Si peleamos con la gente no tomamos en serio la Guerra Espiritual, si permitimos que las relaciones se perjudiquen, que las doctrinas nos dividan o que los problemas de la gente echen raíces en nuestra vida, no estamos edificando el Reino de Dios, ni derribando el reino de satanás.  En realidad estamos estorbando el Reino de Dios y ayudando al reino de las tinieblas.

LA MANERA CORRECTA DE ENOJARSE

Necesitamos usar lo que Dios nos ha dado para la batalla en el lugar correcto y contra el enemigo verdadero.

El enojo puede ser pecado cuando egoísta y orgullosamente lo dirigimos hacia la gente. Pero recuerde; Dios se enoja, pero nunca peca.  Su enojo nunca está egoístamente motivado y nunca procede del orgullo.  Él se enoja por las razones correctas; y usa su enojo de una manera correcta.

Si pudiésemos aprovechar nuestras emociones y energías, las que gastamos peleando unos con otros y dirigirlas hacia el verdadero enemigo, veríamos un gran cambio. Veríamos el colapso total de un imperio satánico que por demasiado tiempo hemos permitido que exista.  Si cada uno de nosotros determinara nunca pelear contra otro ser humano mientras viva, satanás temblaría, le haríamos a él lo que nos hemos hecho a unos y a otros durante siglos.  Nos daríamos cuenta de la verdad: Nuestra lucha no es contra carne y sangre.

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